Soy un terrorista, un insensible y, además, un puto catalufo de mierda

IMG_20151115_193847Primero te enojas y después, cuando las pulsaciones vuelven al ritmo habitual, a uno le entran ganas de esconderse debajo la manta y no volver a escribir nunca más. Y, al cabo de un rato, me encuentro de nuevo frente al ordenador intentando ordenar una reflexión respecto a la experiencia que he vivido en las últimas 24 horas, desde que publiqué el artículo El peligro de ponerse la foto de perfil con el filtro de la bandera francesa. Más de siete millones de visitas han inundado mi humilde blog, habituado a tener una media de un millar al día. Con esta avalancha han llegado comentarios de todo tipo, unos a favor, otros en contra, y también durísimos insultos y amenazas.

“Eres un puto subnormal”, “a ver si el siguiente [atentado] es en tu casa y te pilla de lleno, imbécil!”, “este tipo de reportajes apoyan al terrorismo y sus acciones de forma muy sutil”, “esto lo ha escrito un jihadista parece”, “Eric Lluent es un envidioso, acomplejado y racista”, “métete tu puto blog por el culo Hijo de la gran puta catalán tenias q ser” o “que dices puto catalufo. me cago en tu puta madre” son algunas de las lindezas que algunos internautas han compartido en la sección de comentarios. Mis buenos amigos me dicen que no haga caso, que es el precio de la “fama”. Pero yo más bien creo que es el precio de un sistema educativo nefasto y de unos medios de comunicación que en las últimas décadas han hecho muchísimo daño al intelecto de los ciudadanos.

No me considero una persona que forme parte de ninguna élite intelectual, así que para entender mi artículo (una escueta nota de tres párrafos) es tan sólo necesario un nivel de comprensión lectora muy básico. ¿Cómo alguien (el problema es que son muchos) puede llegar a la conclusión que me dan igual los muertos de París o que estoy criticando la solidaridad con las víctimas del atentado del viernes tras leer el artículo? ¿Cómo una persona en su sano juicio puede acusarme de no respetar el duelo por las muertes de la capital francesa cuando lo único que digo es que se respete el duelo por todas las víctimas del terrorismo y que Facebook no las discrimine? En muchos comentarios hay afirmaciones que normalizan los atentados en países árabes porque, claro, “allí se matan entre ellos”. ¿Pero en qué nos hemos convertido? ¿O en qué nos han convertido?

Acciones como la impulsada por Facebook, con el filtro de la bandera francesa omitiendo los atentados que hay en tantos otros países del mundo, perpetúan una visión del mundo en que los occidentales somos el ‘Nosotros’ y el resto del mundo son los ‘Otros’. Con la creación de un mundo en el que hay dos tipos de personas, los que son como yo y los “demás”, se llegan a justificar argumentos como los que apuntan que si los árabes se quieren matar entre ellos, pues adelante, pero que a ‘Nosotros’ nos dejen tranquilos. Doble ración de tristeza este fin de semana. Por la salvajada inhumana que tuvo lugar en París (ciudad en la que estado más de diez veces y que fue mi musa de juventud) y por lo irracional de muchos ciudadanos a los que les da absolutamente igual que niños, adultos y mayores mueran desangrados tras estallar una bomba en un mercado de Irak o ahogados en un Mediterráneo cada vez más manchado de sangre.

La catalanofobia también me preocupa especialmente. Da igual que escriba sobre Islandia, Grecia o París, siempre habrá comentarios atacándome por ser catalán (a mí y a tantos otros escritores, periodistas, artistas, políticos, etc). Nos atacan por razón de origen, sin más. Aprovecho la notoriedad del artículo que escribí ayer para explicarle a los lectores hispanohablantes que los catalanes aguantamos día sí día también insultos y prejuicios de todo tipo por el mero hecho de haber nacido en Catalunya, por apoyar la creación democrática de un Estado independiente o, simplemente, por defender el derecho de autodeterminación del pueblo catalán. Los comentarios en el artículo anterior son un buen ejemplo y por eso precisamente los he aprobado, para que los que me lean desde fuera del Estado español puedan entender la sinrazón de un sector del nacionalismo españolista (que, por supuesto, no son todos los españoles ni mucho menos) que ahora y desde hace siglos persigue e insulta a los catalanes por el odio que sienten hacia nuestro pueblo (odio que, contemporáneamente, fue muy bien representado por el dictador fascista Francisco Franco hasta el día de su muerte, el 20 de noviembre de 1975).

Encantado de tener tantos millones de lectores en mi blog. Pero a aquéllos a los que les falte alguna lectura básica, mejor absténganse de visitar este lugar de internet en próximas ocasiones puesto que aquí las críticas (por muy duras que sean) son muy bienvenidas, pero los insultos, los descalificativos personales y las amenazas, no.

Èric Lluent, periodista (Barcelona, 1986)

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El peligro de ponerse la foto de perfil con el filtro de la bandera francesa

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[ENGLISH VERSION]

A raíz del atentado de este viernes en París, Facebook ha impulsado un filtro opcional para todos los usuarios de la red. En esta ocasión, el filtro pretende solidarizarse con las víctimas del atentado convirtiendo tu foto de perfil en una imagen que funde la original con los colores de la bandera de Francia. Por supuesto, minuto tras minuto los usuarios van utilizando la herramienta, llevados por el choque emocional que suponen los ataques en la capital francesa. Es evidente (aunque no creo que sea deseable) que en el mundo hay muertos de primera y muertos de segunda, incluso de tercera y cuarta. Es hasta cierto punto entendible que a un ciudadano europeo le aflija más un atentado en París que otro en Beirut. De hecho, si tenemos en cuenta la cobertura mediática que se hace de uno y de otro sería de extrañar que a un ciudadano del Estado español, por ejemplo, le afectara más un ataque terrorista en Líbano que uno en Francia.

La manipulación colectiva por parte de los grandes medios de comunicación es evidente. El silencio que impera o la frialdad a la hora de exponer cifras de muertos cuando se trata de un atentado que ha tenido lugar en el conocido como Mundo Árabe contrasta con el dramatismo de la exposición cuando se trata de un atentado en territorio europeo o norteamericano. Y aunque esta estrategia comunicativa es un modelo de éxito a la hora de crear ciudadanos y sociedades de primera y de segunda, cada vez son más los europeos que entienden que están siendo manipulados y que tratan de apartarse de la influencia de los grandes medios que con su acción o inacción construyen muros entre sociedades que parecen infranqueables. No obstante, al tratarse de una novedad, el filtro de Facebook supone un peligro que coge a la mayoría de internautas con las defensas especialmente bajas.

Utilizar el filtro de Facebook para solidarizarse con las víctimas de los atentados en París es apoyar una visión del mundo en la que sólo preocupan las muertes de ciudadanos occidentales. Mediante este pequeño gesto se construye un muro más en esta fortaleza del siglo XXI que es Europa, llena de súbditos muertos de miedo que regalan su sentido crítico a empresas e instituciones públicas a cambio de un poco de sensación de seguridad. En el Líbano, el Iraq, en Irán y en cualquier lugar del mundo, cuando estalla una bomba o cae un misil hay hermanos que sufren, padres y madres que se desmayan al conocer la noticia, amigos que buscan desesperados pistas para encontrar a compañeros de instituto o del trabajo. Es entendible (aunque no creo que sea deseable) que a un ciudadano europeo le aflija más un atentado en París que otro en Beirut. Muchos tenemos amigos en París o hemos visitado la ciudad una o varias ocasiones. Pero Facebook es una empresa global y con gestos como este lo único que hace es establecer una estructura hegemónica de prioridades en la que los muertos occidentales preocupan y movilizan y las víctimas, por ejemplo, del atentado en Beirut de hace dos días, simplemente no cuentan. ¿O es que nos dieron la opción del filtro con la bandera del Líbano? Validar esta visión del mundo me parece extremadamente peligroso. Más si lo hacemos sin ni siquiera darnos cuenta.

Èric Lluent, periodista (Barcelona, 1986)

*Respuesta a los insultos y amenazas que he recibido en las últimas 24h: Soy un terrorista, un insensible y, además, un puto catalufo de mierda

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Los buenos reportajes y el periodismo independiente no caen del cielo

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A menudo me encuentro mis artículos publicados en páginas web y blogs de todo tipo y debo reconocer que esto me satisface. Para un periodista independiente llegar a los lectores es lo más importante. No produzco muchos artículos puesto que prefiero leer e investigar antes de publicar y, por otra parte, el tiempo del que dispongo es reducido. Internet es una selva en la que tanto puedes ver una decapitación como un par de gatitos jugando en el salón. Lo importante es que el contenido sea viral y genere dinero. Y es aquí de donde proceden mis temores. El dinero se genera con millones de visitas y los internautas hemos demostrado no tener muy buen criterio a la hora de seleccionar lo que vemos y lo que no. Vaya, que siempre dará más tráfico de visitas unos patitos cruzando la autopista que una investigación periodística. Aún así, hay miles de lectores interesados en buenos reportajes, en periodismo independiente, pero los hay muy pocos que entiendan que estos trabajos no caen del cielo.

Hay quien piensa que el acceso a la información debe ser gratuito. Yo también lo pienso. Pero entre que tengamos este derecho y nos creamos que los periodistas deben ser nuestros esclavos informadores hay una gran diferencia. Para que se entienda rápido: la sanidad es un derecho universal, pero a nadie se le ocurre pensar que el médico del hospital público deba hacer su trabajo por amor al arte. Con el periodismo pasa igual. Los periodistas independientes también comemos, también pagamos un alquiler y facturas y también debemos cubrir costes de transporte y material. Pensar que los buenos textos se hacen solos y jamás plantearse que el buen periodismo tiene un coste lo único que hará es que los buenos periodistas, los de raza, los independientes, los más críticos y hábiles para investigar tengan que dedicar buena parte de su jornada laboral a ganar dinero en otro sector de la economía (y bien que le sienta esto al sistema establecido).

El crowdfunding y algunos medios de pago demuestran que hay vías de desarrollo alternativas para que proyectos independientes puedan ser sostenibles económicamente. No obstante, aún nos incomoda e incluso molesta tener que pagar, aunque sea uno, dos o cinco euros al mes (el equivalente a un par de cerveza o un cubata de garrafón) para suscribirnos a un medio. Pero del cambio de esta actitud depende evitar que todo el periodismo acabe en manos de grandes multinacionales y el sector bancario internacional. Creo que este es un debate que debemos plantear enérgicamente y de forma activa para que finalmente encontremos el modelo adecuado que resguarde el derecho a la información de todos los ciudadanos (y especialmente de aquellos sin recursos) y que a la vez permita financiar el trabajo de profesionales y medios independientes que no cuentan con grandes inversores ni grupos de poder interesados a sus espaldas.

Èric Lluent (Barcelona, 1986)

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¿De verdad os creéis que la crisis en Islandia ha tenido un final feliz?

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¿Sabéis qué pasa cuando pongo titulares serios en mis artículos? Que no se los lee ni dios. Hace unos meses publiqué dos artículos sobre Islandia. El primero se titulaba ¡Parad ya de opinar y explicar mentiras sobre Islandia! Hartito me tenéis…. El segundo Crisis: Islandia vs España, una breve comparativa. ¿Adivináis cuál tuvo más lectores? En concreto, hasta la fecha, el primer artículo ha sido leído 89.037 veces mientras que el segundo tan sólo 2.263. Y lo cierto es que el segundo aportaba muchos más datos que el primero. Así que me perdonaréis la estridencia de este titular puesto que, si fuera por mi criterio periodístico, este mismo artículo llevaría como titular El precio de la crisis en Islandia: de sociedad del bienestar a sociedad desigual, pero en ese caso seguramente no estaríais leyendo estas líneas ahora mismo (entiéndase como una crítica general en la que, como lector, yo mismo me incluyo).

Pero vamos a lo que vamos. Islandia. Ya he escrito mucho sobre este país nórdico a raíz de mis ocho estancias desde 2008 y en los artículos anteriores podéis encontrar cuáles son mis argumentos para romper el mito de la Islandia revolucionaria que ha vencido las imposiciones del capital. En este nuevo artículo pretendo explicar cuáles han sido las consecuencias de la crisis para los islandeses, ya que según el relato, repetido de forma curiosa tanto por ciertos sectores alternativos como por los grandes medios de comunicación, parece que allí la crisis les ha salido gratis a los islandeses de a pie. En mi último libro autoeditado en catalán Islàndia 2014. El preu del miracle econòmic (antes de que salga el facha de turno, publico en catalán porque me sale de los… y por el insignificante detalle de que es mi lengua materna -a los que me recomiendan con buena intención que publique en castellano, decirles que es una prioridad absoluta para mí pero que no dispongo de los recursos necesarios y que procuraré encontrar una editorial interesada en el tema) analizo el precio real que ha pagado la sociedad islandesa por culpa de la orgía especulativa que protagonizaron los banqueros locales con la connivencia de los principales partidos políticos del país, el Partido de la Independencia y el Partido Progresista (actualmente otra vez en el poder).

Paul Krugman, profesor de Economía en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008, publicó un articulo el pasado mes de junio en The New York Times que un su traducción publicada en el diario El País fue titulado Islandia, una historia con final feliz. Krugman es la voz más autorizada que defiende el modelo de salida de la crisis en Islandia como un modelo de éxito gracias al hecho de no haber aplicado austeridad como en otros países europeos. Debo confesar que cuando leo a Krugman y me doy cuenta de que tengo conocimientos y argumentos suficientes como para llevarle la contraria a todo un premio Nobel al que, además, respeto muchísimo se me hace un nudo en la garganta. ¿Quién soy yo para llevarle la contraria a este señor? Pero la realidad es que en Islandia hubo austeridad y recortes, que ha habido huelgas sectoriales desde entonces, que se destinaron miles de millones de dólares a rescatar la banca (en concreto 2,7 mil millones de dólares para el Banco Central de Islandia) y que con el dinero de los contribuyentes islandeses están devolviendo el préstamo del Fondo Monetario Internacional que fue necesario precisamente por el proceso especulativo que se originó en el sí de una banca privada islandesa que actuaba sin el control gubernamental deseable.

Islandia ha pasado de tener una sociedad del bienestar ejemplar (aún así con aspectos criticables, pero es un hecho que desde que recibió las ayudas del Plan Marshall y se convirtió en una tierra próspera, sus niveles de bienestar propios de la socialdemocracia nórdica fueron todo un referente) a tener una sociedad extremadamente desigual e injusta, como tantas otras en Europa. Si a esta afirmación, que a continuación justificaré, se le puede llamar final feliz, eso dependerá de la forma de ver el mundo que tenga cada uno. Lo que está claro es que, desde una perspectiva capitalista, el modelo islandés es un modelo de éxito. Los datos macroeconómicos y el propio FMI avalan la recuperación de Islandia y ahora esa tierra hasta hace poco virgen es toda ella una gran oportunidad de negocio para inversores de todo el mundo (dicho rápido, puesto que la economía islandesa sigue expuesta a muchos riesgos que sus políticos procuran disimular de cara a la galería internacional pero que en casa son muy bien conocidos).

Veamos 10 motivos por los cuales no podemos afirmar que el caso islandés ha tenido un final feliz.

  • Según UNICEF, el índice de pobreza infantil en Islandia ha pasado del 11,2% en 2008 al 31,6% en 2012. Se trata del mayor crecimiento de este índice en ese periodo de tiempo en un país europeo. (Los datos de UNICEF expresan la pobreza relativa de Islandia)
  • Según datos hechos públicos por RÚV, la televisión pública islandesa, el 10% más rico de los islandeses acumula 73% de la riqueza del país, mientras que el 90% restante se reparte un 27%.
  • El control de capitales aún existente (aunque parece que se está empezando a levantar progresivamente desde la pasada primavera -seguiré el tema con atención) ha obligado a los inversores a invertir en sectores de la economía nacional que están experimentando una burbuja que tarde o temprano estallará. ¿O es que aún no hemos entendido que las burbujas estallan y que no se puede crecer ad infinitum?
  • En febrero de 2007, un quilo de arroz costaba 241 coronas islandesas (ISK); los 100 metros cúbicos de agua en Reykjavík, 6.523 ISK; un billete de autobús mensual, 5.600 ISK; y un quilo de gamba congelada, 629 ISK. En febrero de 2015, el quilo de arroz estaba a 451 ISK, el agua a 12.276 ISK, el billete a 9.300 ISK y el quilo de gambas a 1.774 ISK.
  • Entre el mes de marzo de 2014 y el mes de marzo de 2015 la bolsa islandesa creció un 25%. Buenísima noticia, si no fuera porque de forma muy obvia se está viviendo también en la compra venda de acciones un proceso especulativo derivado del control de capitales que, por los precedentes, no parece que vaya a acabar muy bien.
  • La famosa constitución escrita por el pueblo islandés a través de internet y que se aprobó, supuestamente, en un referéndum sigue encerrada en un cajón del Parlamento sin que ni siquiera haya sido votada por los diputados.
  • El motor económico de la recuperación de Islandia ha sido el turismo. El tesoro natural de Islandia es ahora un elemento más del juego de las finanzas nacionales y grandes parajes como Gullfoss, Seljalandfoss, Geysir o Jökullsárlon parecen en verano la Rambla de Barcelona. En unos años, la Islandia remota que siempre había sido ya no existirá y sus tierras serán propiedad de inversores extranjeros, muchos de ellos chinos y rusos, que destruirán parajes naturales para hacer negocio.
  • La situación de los inmigrantes que se establecieron en Islandia durante el boom económico es muy delicada. Las comunidades extranjeras, con predominio de los polacos, tienen especial dificultad para encontrar trabajo y, si lo hacen, muchas veces trabajan sin contrato o sin cobrar lo mismo que los ciudadanos de origen islandés.
  • Desde el colapso financiero de octubre de 2008, los medios de comunicación islandeses han sido controlados de forma rápida y eficaz por personajes de la órbita del sector financiero y de los dos principales partidos políticos. Es el caso de Morgunblaðið, Fréttablaðið y DV.
  • Los banqueros no están pudriéndose todos en la cárcel. Están procurando rehacer sus fortunas con las nuevas oportunidades que hay para ellos en el país. Un claro ejemplo de esto es Thor Bjorgolfsson, quien ha publicado un libro en inglés este año titulado Billions to Bust – and Back, una narración en la que chulea sin tapujos sobre cómo formó su fortuna, como la perdió en 2008 y cómo la está reconstruyendo. ¿A qué esto suena distinto a lo que escuchamos de que los banqueros han sido encerrados en la cárcel o desterrados del país?

Èric Lluent, periodista (Barcelona, 1986)

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3 datos que demuestran que a los ciudadanos griegos poco más se les puede pedir

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Ante determinadas corrientes críticas que entienden que los griegos (su población) se merecen de alguna forma lo que están sufriendo en la actualidad por haber permitido la mala gestión de sus anteriores gobiernos y por haber aplaudido un Estado del que, según algunos tertulianos con mucha presencia mediática, vivía medio país sin dar palo al agua, no he podido evitar sumergirme en los datos macroeconómicos para demostrar que al ciudadano griego medio poca contribución más se le puede pedir a día de hoy. Leer informes del FMI hablando de Grecia como si de una ecuación matemática se tratara, sin ni tan siquiera citar ni en uno sólo de sus párrafos el sufrimiento social que determinadas “medidas” y “esfuerzos” suponen me parece escalofriante. ¿Cómo se puede hablar de economía sin tener en cuenta el factor humano? A veces intento seguir determinados argumentos teóricos sobre lo que se debería hacer y lo que se debería haber hecho en Grecia, pero al cabo de un rato de seguirlos con atención tengo la misma sensación que cuando alguno de mis profesores me explicaba una fórmula matemática. Con una significativa diferencia, la fórmulas matemáticas tienen una base científica que deja poco margen a la interpretación y los mensajes de los poderes financieros internacionales son todo menos neutrales. El problema es que instituciones como el FMI hablan de economía pretendiendo que sus argumentos suenen a verdades empíricas, cuando es evidente que sus reflexiones y previsiones están condicionadas por una ideología, en este caso neoliberal, y una falta grave de sensibilidad y empatía ante el sufrimiento de los ciudadanos que se esconden detrás de sus números, tendencias y estadísticas.

¿Deben pagar los ciudadanos griegos los errores de sus élites? ¿Son responsables por haber votado a quienes gestionaron el país de forma nefasta? Si la respuesta es afirmativa, ¿aplicaremos nuestra responsabilidad ante cualquier negligencia de nuestros gobernantes? ¿Soy yo, como ciudadano español, responsable de la guerra ilegal de Irak en la que participó el gobierno del Estado en el que vivo? ¿Un camionero griego y un camionero alemán han tenido roles sociales y políticos tan distintos como para qué uno sea responsable de la prosperidad de su país y otro lo sea del colapso económico de su nación? Estas preguntas son, para mí, las realmente importantes a la hora de valorar los intentos del gobierno griego actual para intentar estabilizar la situación económica del país sin condenar aún más a sus ciudadanos.

A continuación comparto tres datos para entender que los ciudadanos griegos (sobre todo las clases populares) ya no tienen margen para contribuir con más dinero y sacrificio a las arcas del Estado para devolver la deuda del gobierno griego con las instituciones financieras internacionales. Todos los datos incluyen una comparativa con la situación en España, para que el lector pueda tener las referencias necesarias para entender cómo viven los griegos y qué supondria para ellos que les impongan más austeridad.

  1. Una de las afirmaciones más escuchadas estos días es que si Grecia quiere devolver la deuda tiene que recaudar más dinero a través de los impuestos. Bien, veamos. Según datos de la OCDE (Grecia; España) la recaudación fiscal per capita (dato que es el  resultado de la división del total de recaudación por los habitantes del país) de Grecia es 9,6 puntos inferior a la de España. Mientras que en España la cifra per capita es de 7241,9 euros anuales, en Grecia es de 6547,3 euros. A priori podemos pensar, pues, que los griegos pagan menos. Pero, veamos el salario bruto medio de los dos países. Mientras que en España se sitúa en los 26.162 euros anuales, en Grecia tan sólo llega a los 20.168 euros anuales (fuente: Expansión / Datosmacro). Una diferencia de 23 puntos que dista mucho de los 9,6 puntos de diferencia de la aportación fiscal per capita entre los dos mismos países. Así, en medio de una crisis económica más aguda que la que vivimos en España, los griegos, proporcionalmente, pagan más impuestos que los españoles. ¿Se imaginan estar pagando más impuesto de los que se pagan en España hoy en día y que aún les pidieran incrementar el esfuerzo fiscal?
  2. Existen muchos tipos de impuestos, pero los que afectan más a los ciudadanos más pobres son aquellos que causan un incremento del precio de los productos y servicios básicos. Un claro indicador en este sentido es el IVA (VAT en sus siglas en inglés). Expongamos cuáles son los índices del IVA en España y en Grecia. En España el IVA general si sitúa actualmente en el 21%, en lo que supone una cifra récord. Pues bien, en Grecia el IVA subió hasta el 23%. El IVA reducido, que se aplica, entre otros, a alimentos básicos, es en España del 10%, mientras que en Grecia es del 13%. ¿Es legítimo que se imponga a los griegos otro incremento del IVA general y del IVA reducido? Según un informe parlamentario de setiembre de 2014 , Grecia tiene 6,3 millones de personas (alrededor del 60 por ciento de su población) viviendo bajo el umbral de la pobreza o con riesgo de pobreza. En España el porcentaje de ciudadanos en esta situación es alarmante pero se sitúa en el 22,2 por ciento de la población. ¿Es justificable que estas personas paguen la factura de lo que sus anteriores gobiernos hicieron mal?
  3. Si ahora les pregunto en qué país es más barato comprar un litro de leche, entre España y Grecia, ¿qué contestarían? Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto, a continuación ofrezco el precio medio de venta en el mes de julio de 2015 de seis productos básicos en la dieta de ambos países:

Leche 1litro: 0,78€ ESP / 1,21€ GRE

Docena de huevos: 1,57€ ESP / 2,89€ GRE

Arroz 1 quilo: 0,97€ ESP / 1,67€ GRE

Lechuga: 0,85€ ESP / 0,60€ GRE

Tomate 1 quilo: 1,42€ ESP / 1,27€ GRE

Pechuga de pollo 1 quilo: 5,90€ ESP / 7,01€ GRE

Presupuesto mínimo diario recomendado para comida: 5,15€ ESP / 5,60€ GRE

(fuente: http://www.numbeo.com)

¿Realmente, después de leer estos datos, puede alguien defender que la solución para los griegos es más austeridad? Parece ser que sí.

Èric Lluent, periodista. (Barcelona, 1986)

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5 ideas para ayudar a los griegos si el BCE deja caer a su país

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La fecha del 5 de julio de 2015 pasará a la historia como el día en que los griegos vencieron al miedo impuesto por la Troika y los poderes fácticos de la unión monetaria europea. Aún a sabiendas de que la venganza de éstos puede hundir (aún más) la economía de Grecia, los griegos votaron que ‘no’ al ultimátum europeo que les imponía austeridad dirigida especialmente a las clases populares. La lección del pueblo griego merecerá un lugar destacado en los libros de la historia de Europa de principios del siglo XIX, pero ahora les puede venir lo peor. Así, el resto de europeos no podemos ser simples espectadores de la caída de un país que vio nacer la democracia y con el que compartimos la idea de una Europa de los pueblos, libre, democrática e impulsora del bienestar social de sus conciudadanos. Uno de estos pueblos vive y vivirá una guerra económica y política sin antecedentes, después de que haya ejercido su soberanía popular. A continuación, os propongo cinco maneras de ayudar al pueblo griego en uno de los momentos más delicados de su historia en caso de que el BCE deje caer al país. Existen muchísimas más formas de ayudar a los griegos pero el reto para los ciudadanos europeos es evitar que las decisiones de la Troika sean las que sacrifiquen la dignidad de millones de personas, buscando fórmulas para que los griegos puedan seguir adelante y, además, sentir la solidaridad de sus vecinos.

  1. Buscar las vías de donación económica más directas para ayudar a las familias griegas sin intermediarios. Si conoces ciudadanos griegos, pregúntales por su situación y la de los suyos. Por penoso que os parezca, quizás 20, 30 o 50 euros pueden ser determinantes para el bienestar de nuestros conocidos griegos.
  2. Impulsar proyectos de crowdfunding para apoyar económicamente a los griegos. De hecho, ya se puso en marcha un proyecto que pretendía sumar todo el dinero de la deuda. Aunque se ha quedado muy lejos de su objetivo, se han recogido cerca de dos millones de euros (este dinero no se hará efectivo, puesto que no se ha llegado al objetivo, pero deja clara la voluntad de los ciudadanos para ayudar a Grecia con soluciones alternativas). Fomentar las cooperativas de trabajadores puede ser una de las claves para que la economía griega pueda revertir directamente en sus ciudadanos. Financiar este tipo de proyectos de forma colectiva, puede ser uno de los grandes retos de futuro.
  3. ¿Aún no has decidido cuál será tu próximo destino vacacional? Aunque no sea una solución a la larga, el turismo para Grecia es un sector clave y, dependiendo de nuestro criterio de consumo, puede beneficiar a su pequeño comercio. Además, fomentar un turismo de ciudadanos comprometidos puede establecer puentes de información y de solidaridad entre pueblos que, por mucho que exista internet, son muy difíciles de construir en el mundo digital.
  4. Participar en workcamps en Grecia pueda ser una manera de ayuda directa a los sectores más desfavorecidos del país. Busca en google “workcamp in Greece” e infórmate de los proyectos que existen. Así, sin necesidad de contar con un presupuesto muy elevado, puedes conocer la realidad sobre el terreno e informarte de primera mano.
  5. No olvides al pueblo griego. El drama de la tormenta de información a la que estamos expuestos a diario es que los temas llegan y se van generando cero empatía hacia el lector. No dejes que esto suceda, ni en esta ni en otras cuestiones. Lee las grandes cabeceras de España, compáralas con medios extranjeros, medios alternativos, artículos académicos, etc. Sé crítico con todas fuentes, no te “cases” con nadie y entiende que las cosas sólo se explican con matices. Informa, genera debate en tus redes sociales y, en definitiva, colabora para que el caso griego no sea una más de las noticias que ocupan nuestros medios durante unos días y después caen en el olvido informativo.

Èric Lluent, periodista (Barcelona, 1986)

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Greeks, we stand with you (from Barcelona)

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I’ve never been in Greece and I just met few greeks in my life. So, basically, I have no connections with your country, but today I was reading the speech of your Prime Minister Alexis Tsipras and I was thrilled. I can’t recognize any sign of humanity in those who want you to suffer more than you are actually suffering.

I just need to say to all the greeks that are suffering this Economic attack, that we stand with you, that we share the same thoughts about this nonsense neoliberal system which permits individuals to collect billions of euros while millions of people are suffering mercilessly all around the world.

I was born in Barcelona and I’m a vocational journalist. I believe that one of the main advantages for the Economic elites nowadays is that they plan their strategies in a global network which link the most powerful people of the world within minutes. On the other hand, we, the common people, we usually don’t have this international bridges to share information, to talk to each other without the interference of the main international medias and news agencies.

So what I propose to Greeks and to any human being of this planet with internet access is to share our thoughts about what’s going on in Greece and to find similarities with our own countries using the tag #GreeksWeStandWithYou. We all are victims of the same system, so better if we all stand together.

Èric Lluent, journalist (Barcelona, 1986)

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