Polítika Deluxe

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El cara a cara entre dos personas con posiciones ideológicas antagónicas es un formato periodístico que, moderado con pericia, puede resultar en un diálogo constructivo de gran valor informativo o, como sucede habitualmente, en un cuerpo a cuerpo superficial y vacío. Además, si la disputa tiene como protagonistas a personajes públicos, con sus perfiles prefabricados y sus delimitadas estrategias de comunicación, las esperanzas de aportar algo nuevo a la audiencia se reducen drásticamente. Despojado del interés periodístico, a este formato tan sólo le queda el morbo. El morbo del a ver qué se dirán. El morbo de a ver si se insultano a ver si llegan a las manos. Las empresas periodísticas conocen perfectamente el rédito de la discusión visceral retransmitida en directo. En las últimas décadas, el enfrentamiento irracional servido delante de las cámaras ha sido uno de los ingredientes principales de algunas de las recetas mediáticas con más éxito; El Dario de Patricia, Gran Hermano, Sálvame Deluxe.

Una de las novedades de los últimos tiempos es la reproducción de este formato televisivo, un su versión más estéril, en la cobertura informativa de la actualidad política. Es un fenómeno que ha tenido lugar en un momento histórico muy concreto en el que el discurso de la izquierda alternativa se ha normalizado a raíz de la crisis económica, el impulso de las movilizaciones del 15M y el auge de Podemos y formaciones políticas regionales similares. Además, esta moda televisiva no se entiende sin el complemento necesario de las redes sociales, puesto que su planificación y difusión no pasa tan sólo por el directo sino por la importante capacidad de generar revuelo durante las horas posteriores a la emisión mediante resúmenes y titulares virales.

La consolidación de un nuevo discurso que cuestiona el statu quo y, sobre todo, su boom electoral en las elecciones de los últimos años explica que los grandes medios hayan tenido que impulsar una estrategia ante tal cambio. Se pueden definir tres tipos de reacción por parte de las principales televisiones españolas ante la aparición de una nueva audiencia, es decir, de un nuevo perfil de consumidor publicitario. Algunos medios han optado por, mayormente, ignorar esta nueva realidad, centrándose en el entretenimiento y dejando la política para los informativos. Otros canales situados claramente en el conservadurismo han desempeñado el papel de oposición mediática, atrayendo a la audiencia más preocupada por el resurgir de la izquierda alternativa. Finalmente, algunas televisiones han aprovechado esta oportunidad para fidelizar una nueva audiencia, impulsando programación que ha ayudado a difundir un discurso crítico hacia el sistema que, generalmente, se ha identificado con Podemos y formaciones locales y autonómicas similares.

Una vez los medios audiovisuales se han adaptado a esta nueva realidad, se ha popularizado una élite de opinadores con posiciones cada vez más antagónicas y discursos planos, lo cual es una auténtica mina para explotar el morbo de los cara a cara entre personajes mediáticos, con el principal fin de conseguir audiencia. Además, a través de algunos medios digitales y de las redes sociales se ha normalizado el seguimiento de los contenidos de los medios con ideas radicalmente opuestas, ridiculizando y atacando al adversario como estrategia viral. Esto ha facilitado la mediatización de los principales opinadores de la competencia. Así, por poner un ejemplo, no es extraño encontrar noticias en El Diario sobre artículos publicados en Ok Diario y viceversa. Esta disputada entre redacciones, entre periodistas, opinadores y, también, algunos líderes políticos, ha abonado el terreno para la programación de duelos entre machitos (la mayoría de los que aceptan estos roles son hombres) con el objetivo de multiplicar los telespectadores y, como se dice en el argot digital, incendiar las redes sociales.

De un tiempo a aquí, han proliferado los cara a cara entre representantes de la izquierda alternativa, tanto políticos, como cómicos o periodistas, con los representantes mediáticos de la derecha más casposa, a saber, Eduardo Inda, director de Ok Diario, y Francisco Marhuenda, director de La Razón. A veces, el diálogo introduce algún aspecto interesante, aunque apenas se aportan nuevos datos y simplemente se reproducen los puntos de vista ya conocidos por todo el mundo, puesto que los protagonistas no son expertos o académicos sino personajes mediáticos cuyo argumentario es de sobras conocido por la audiencia. La tensión que se genera en el plató es el combustible que hará arder Twitter y Facebook, el objetivo que abrazan muchos profesionales de la información a diario en sus redacciones. El último cara a cara de éxito fue el de Pablo Iglesias y Eduardo Inda en Telecinco y los derivados virales no se hicieron esperar. El Tramabus pone cara a cara a Pablo Iglesias e Inda: los momentos más tensos de su entrevista en AR, titulaba al instante la página de Mediaset, mientras los periódicos en tromba publicaban sus artículos virales a la carrera. Enfrentamiento, bronca, tensión. Hasta Mundo Deportivo se hacía eco del cara a cara. Sintomático.

Las redes se inundan de emoticonos, los trolls salen a pasear, la mayoría de usuarios se reafirman en su forma de entender el mundo hasta que, finalmente, se calman los ánimos en la barra de bar sórdido en la que se han convertido Twitter y Facebook, a la espera de la siguiente escaramuza. El ruido genera interés y los internautas picamos, vamos al barullo a ver qué pasa. De pasar, normalmente, no pasa nada, pero la recolecta de clics es lo que cuenta en un sector en el que la innovación no pasa por la mejora de los contenidos periodísticos sino por afilar cada día más y a toda costa el anzuelo que debe atraer a los lectores/espectadores/clientes. Los cara a cara entre la izquierda alternativa y la derecha más retrógrada funcionan y parece que el auge de los últimos meses es tan sólo el inicio de una nueva tendencia televisiva y viral. Bienvenidos a Polítika Deluxe.

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