Carta de un europeo a los refugiados que agonizan a las puertas de Europa

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Queridas hermanas y hermanos,

¿Qué decir? En estos momentos se me cae la cara de vergüenza por ser europeo, por formar parte de una unión de naciones que está dando la espalda de forma tan vil a la buena gente que viene de Siria (y de tantos otros países, no olvidemos) por mero instinto de supervivencia. Nosotros también huimos de la barbarie no hace tanto. Yo nací en Barcelona, ciudad bombardeada por la aviación italiana dirigida por Mussolini, quien, por aquel entonces -finales de los ’30 del siglo XX-, colaboraba con el ejército fascista del general Francisco Franco que se sublevó contra la República democrática de España y que acabó tomando la ciudad de Barcelona en los últimos días de la Guerra Civil. En enero y febrero de 1939 miles de catalanes y españoles huyeron hacia Francia, convirtiéndonos entonces en lo que sois vosotros hoy en día: refugiados de guerra.

Los europeos deberíamos conocer muy bien el sufrimiento que generan las guerras, pero parece que ya se nos olvidó. Quizá ese es uno de los principales problemas de la situación actual, que en Europa se habla de las guerras como algo del pasado, sin que los más jóvenes (e incluso los mayores, por ganas de olvidar) entiendan que hay millones de personas sufriendo el horror de un conflicto bélico a la vuelta de la esquina. ¡Que tan propio del capitalismo esto de no mirar nunca hacia atrás! Si el dinero y las oportunidades de negocio son cosa del futuro, ¿por qué deberíamos mirar hacia el pasado? Hablando de dinero, ¿se imaginan la cara de felicidad que se les debe poner a los magnates de la multinacionales armamentísticas cuando intuyen la posibilidad de una guerra? La ley de la oferta y la demanda, dice el credo de las sociedades occidentales.

Tan sólo os quiero decir que se me retuerce el estómago al pensar en lo que os estamos haciendo pasar a las puertas de Europa. Que siento nauseas cada vez que leo, que veo o que me cuentan en primera persona vuestro absurdo sufrimiento. Que si tuviera la fuerza y la valentía necesaria me enfrentaría contra las policías europeas que os reprimen y persiguen y contra los gobiernos que construyen muros, aunque lo más probable es que acabara unos cuantos años en la cárcel acusado de terrorismo. Que cada vez que leo detalles como que os quitamos vuestras pertenencias y vuestro dinero al dejaros entrar en ciertos países o que vamos a enviar fragatas de guerra para vigilar el mar en lugar de enviar flotas de rescate, cada vez que entiendo que realmente la estrategia es cerraros las puertas y expulsaros de Europa, siento una profunda vergüenza difícil de describir. Y, como yo, hay millones de europeos a los que les entran ganas de vomitar al pensar que el mar donde nos bañamos cada verano está manchado de vuestra sangre inocente.

¿Por qué no hacéis nada para forzar a vuestros gobiernos y a la Unión Europea para que nos abran las puertas?, os preguntaréis. La respuesta es dura pero sencilla: la voluntad democrática de los europeos, como la de tantos ciudadanos de este planeta, la voz del pueblo, ya no cuenta, si es que alguna vez ha contado. Con el impulso de la Unión Europea, la banca alemana, el gobierno alemán y las instituciones políticas y financieras europeas que tan sólo representan a los más poderosos son los que deciden sobre cuestiones importantes, como lo es, sin duda, el caso de la llegada de refugiados de guerra. Cierto es que hay grupúsculos fascistas de ultra derecha que se oponen a vuestra llegada y medios de comunicación de masas que están normalizando un lenguaje con tintes racistas, llenos de prejuicios y siembran la intolerancia. Pero, a pesar de todo, los que derrocaríamos cualquier muro y os abrazaríamos como a un hermano o hermana más, por suerte, somos mayoría. Los derechos humanos más elementales no se negocian. No se dirimen en un debate repleto de intereses económicos y geopolíticos. Los derechos humanos o se respetan y se ejercen o se violan. Y Europa ha decido violarlos.

En esta situación desesperada, la demagogia es el camino fácil. Los europeos no somos el diablo, igual que tampoco vosotros lo sois. Simplemente, somos los de abajo que seguimos las normas que nos imponen los de arriba. Y de “los de arriba” los hay tanto en Europa como en vuestros países. Para ellos, somos números, estadísticas, algo muy similar a los presupuestos de una empresa. Europa se ha convertido en una gran fortaleza, con altos y peligrosos muros para que buena gente como vosotros no podáis entrar. Hay que derribar estos muros. Pero solos, ni vosotros ni nosotros lo conseguiremos. Antes, hay que derribar los muros invisibles que nos separan a todos nosotros, que separan a la gente común de Europa y de los Países Árabes, siempre con ese miedo extraño que nos tenemos los unos a los otros. Un miedo que hace que para los de arriba sea aún más fácil construir los muros físicos que estos días se erigen en la periferia europea.

Empecemos a derribar los muros con nuestras ideas, con el diálogo, con la única bandera que nos puede unir a todos: la de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Construyamos la democracia del futuro, construyamos un mundo mejor desde hoy mismo, basándonos en el respeto a la diferencia, en el conocimiento, en la reflexión pausada, en el fracaso de los prejuicios sobre los que no son exactamente como “nosotros”. Cambiemos el significado de “nosotros” para que en el mundo ya no existan “los otros”. Traduzcamos textos, tejamos redes interculturales, conectémonos por las redes sociales, hablemos libremente, derribemos el peor de los muros: la ignorancia.

A todo esto, miles de refugiados ya han fallecido, muchos otros han desaparecido y tantos otros estáis en medio de la nada, malviviendo, a la espera de que Europa os muestre su supuesta humanidad y os abrace. Ante esta situación somos tantos los europeos que nos sentimos tan impotentes que tan sólo se me ocurre deciros una última cosa: perdón.

Èric Lluent, periodista (Barcelona, 1986)

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6 respostes a Carta de un europeo a los refugiados que agonizan a las puertas de Europa

  1. Roser ha dit:

    Perdón…y tantas veces que he pedido perdón…que paradoja, o te conviertes en terrorista para terminar con este juego político anti-terrorista o sigues como una oveja obedeciendo al sistema capitalista actual a favor de la olvidada guerra y como bien explicado, sufrida a nivel europeo en tiempos no muy lejanos…Es más que vergonzoso, comparto el sentimiento nauseabundo.

  2. Zara ha dit:

    Por fin encuentro una publicación que expresa exactamente lo que yo siento. Vergüenza, decepción, impotencia … Ojalá muchos lean tu artículo, Ėric.

  3. tumpitula ha dit:

    Bravo! has puesto en palabras el sentimiento de muchos. Yo también siento vergüenza

  4. Retroenllaç: Hong Kong-Amsterdam. Marzo 2016 | tumpitula

  5. Yo mismo ha dit:

    Yo también estoy de acuerdo, solo pido que vengan sin bombas, dispuestos a integrarse y no a exigir que se cumpla aquí esas frases de su religión HAY ME MATAR AL INFIEL y el infiel es aquél que no cumpla con las normas asesinas de sus creencias. Que no les tiren a la cara a la Cruz Roja (como sucedió en Hungría) las ayudas que se les entregaban al grito de Alá es Grande.
    Estoy dispuesto a recibir a cualquiera que venga en paz y no a intentar obligarnos a lo que ellos traen.Bienvenidos todos pero cuidadito que ya entre los llegados han entrado terroristas y otros que quiere cargarse nuestra civilización (que podrá ser buena o mala) pero es la mía y la de mis antepasados.
    He vivido en tierra de estos y me conozco el percal que se gastan.

    • Roser ha dit:

      Creo que tu comentario es un poco confuso, no se puede generalizar, cierto que están entrando personas de diferentes países, y esto crea confusión. De manera que creo en la integración de las personas cuando llegan a su destino, también creo que no se les puede obligar a olvidar sus creencias, siempre y cuando no hablemos de terroristas, obvio, de la misma manera que creo que no nos pueden obligar a anteponer las suyas. Si nos centramos en Síria, es un país que está siendo acribillado por su reclamo a la democrácia y a la vez les quieren robar su riqueza (petróleo). Yo más bien culparía al Gobierno de la situación actual

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