Conversación de bar (II): “Los bancos vieron que no tenía sentido acumular casas vacías y tener que pagar las tasas correspondientes”

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Celebración Nacional de Islandia. Las calles, especialmente Laugavegur, están repletas de gente a la espera del paso del desfile principal y los más pequeños ondean banderas islandesas de plástico. Ausencia de jóvenes o adolescentes borrachos por la calle, lo que mejora mis expectativas que partían de la experiencia del Vappu en Finlandia, fiesta que se celebra el 1 de mayo y que deriva en una orgía de alcoholismo de grandes dimensiones y que regala escenas como la protagonizada por un chaval meando desde la última fila de un autobús lleno y en marcha o gente de cierta edad cayendo redonda sobre la acera.

En este ambiente relajado y festivo, lástima de las nubes bajas que hace dos semanas que atrapan Reykjavík bajo un velo gris permanente, me encuentro con una amiga sueca que conocí cuando ella trabajaba de camarera en un bar de Barcelona. Tomando un zumo a base de aguacate y jengibre, el novio de mi amiga, nacido en Islandia, se somete a algunas de mis preguntas para tratar de averiguar qué situaciones exactas se dieron durante la crisis islandesa, cuál fue la afectación real que sufrieron las familias del país. Así que le pregunto por las hipotecas de particulares y los desahucios.

“Desde el inicio de la crisis hasta el año 2011 hubo familias que perdieron la casa porque no podían pagar la deuda. No es como en el caso de España exactamente, porque la razón de que no pudieran pagar no era principalmente la falta de trabajo sino el hecho de que su deuda con el banco se había multiplicado por dos o por tres en cuestión de días debido a la quiebra del sistema financiero. Las familias que tenían un presupuesto ajustado no pudieron pagar la hipoteca y perdieron la casa. En Islandia no se te condona la deuda automáticamente. Te tienes que declararse en quiebra, entonces el estado se hace cargo de lo que has dejado de pagar, pero este hecho te supone la imposibilidad de volver a pedir un crédito a lo largo de toda tu vida. Pasados un par de años los bancos vieron que no les interesaba echar a la gente de sus casas porque acumulaban casas vacías y debían hacerse cargo de las tasas correspondientes. Ahora, con la mejora de la situación económica, esto ya no sucede y, de hecho, los bancos aceptan negociar nuevos créditos con las personas que se declararon en quiebra porque entienden que la situación fue excepcional y que la responsabilidad no era de los particulares que la sufrieron en primera persona sino de todo el sistema bancario “, explica con un tono optimista, convencido de que lo peor ya ha pasado.

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