El día que los del PP sintieron miedo

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No sintieron vergüenza, que no la tienen, pero sí miedo. Por primera vez en mucho tiempo los diputados del PP sintieron miedo de la gente de la calle, que ya no podía más. El partido de Mariano Rajoy iba a votar que no a la aceptación a debate de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) impulsada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) para acabar con la cruel ola de desahucios y vidas truncadas por la deuda personal que han puesto en marcha los bancos y cajas, con el beneplácito de la ley y los partidos políticos, desde el inicio del desmoronamiento del sistema capitalista más salvaje, lo que popularmente conocemos como “crisis”. Pero demasiadas cosas les salieron mal a los del PP para seguir con el blindaje de la inhumana actuación de las entidades bancarias.

Días antes, Ada Colau, portavoz de la PAH, había hecho uno de los mejores discursos de toda la democracia reciente, señalando al supuesto experto representante de los bancos que participaba en la comisión de economía como un “criminal”. Discurso que corrió por las redes sociales como la pólvora y que reafirmó la creencia creciente de que otra política social es posible y necesaria en la situación de emergencia que vive la población. Aun habiendo escuchado este discurso y haber comprobado que la ILP contaba con un apoyo de casi un millón y medio de firmas (tres veces más de lo que determina la ley para poder presentarla en el Congreso), el Partido Popular seguía impasible ante las demandas más básicas de los desahuciados: la dación en pago y la cancelación de los centenares de desahucios que hay cada día en España. Eran ya las dos de la tarde del martes 12 de febrero de 2013, y el PP seguía en sus trece. Iba a votar que no.

De nada, aparentemente, había servido que miembros de la PAH hubieran seguido y señalado por la calle a algunos de los diputados populares, tratándolos de informar sobre lo que iban a votar y apelando a su humanidad. Pero la tarde no iba a ser fácil. Ese día se conoció que por la noche se iban votar dos ILP en el Congreso, la de la PAH y otra para declarar los toros como Bien de Interés Cultural, propuesta de ley a la que el PP iba a votar que sí. Vaya, que algunos medios de comunicación lo veían claro: aceptan a debate el tema de los toros pero ni tan siquiera van a permitir que se debata sobre la ILP de la PAH, con todo el sufrimiento de la gente que esta plataforma representa. Todo esto pasaba una semana después de que se hiciera público el escándalo de los sobre(sueldos) de Bárcenas pagados en dinero negro a la cúpula del PP durante años. La gente, los votantes, con la guardia muy baja desde hacía décadas, empezaba a verle las orejas al lobo. “Estos que se reparten sobrecitos y cobran sueldos estratosféricos, ahora van a repudiar un clamor popular tan básico como que no se hunda económicamente a nuestros conciudadanos, quitándoles la casa y exigiéndoles decenas de miles de euros cuando ni tan siquiera tienen trabajo”.

Pero los del PP seguían impasibles. Hasta que a media tarde corrió la desgraciada noticia. Dos jubilados de Mallorca se habían suicidado después de recibir la notificación de desahucio, incrementando así la larga lista de suicidios por esta causa. La red, Facebook y Twitter, y también la calle entendió que la votación que se iba llevar a cabo esa noche a las nueve trascendía lo político. Se vivieron unas horas de tensión en las que la mayoría restábamos incrédulos ante la falta de humanidad de nuestros gobernantes. Las súplicas para que recapacitaran recordaban a las que haría una madre o un padre al ver su hijo en sus últimas horas en el corredor de la muerte. Y es que muchas vidas estaban en juego, y el PP hacía oídos sordos. La gente se les echó literalmente encima y los diputados y dirigentes del PP sintieron miedo de un estallido de indignación que abandonara los cauces pacíficos en los que se desarrollan hasta ahora los grandes movimientos críticos en nuestras ciudades. La muerte de personas inocentes a causa de la crueldad de los bancos pesa tan fuerte en la consciencia de las gentes que su reacción es imprevisible, más si el mismo día en que se producen dos suicidios el mayor partido del país vota en contra de la causa que hubiera salvado a esos dos jubilados. A media tarde comparecía el portavoz del Partido Popular en el Congreso, Alfonso Alonso, para comunicar que finalmente su organización rectificaba e iba a votar afirmativamente a la ILP de la PAH. Los 189 diputados populares habían cambiado de opinión, como por arte de magia y trataban de justificarlo ante los medios de comunicación. Habían perdido la batalla, aunque su estrategia era clara: cedemos para ganar tiempo.

Al fin, el Partido Popular no va a aceptar de ninguna forma las propuestas de la PAH para incluirlas en la legislación per, al menos, ha podido lavar momentáneamente su maltrecha imagen. Lo sorprendente de esta historia es ver el porqué de su cambio de sentido del voto. Y, en mi opinión, el pasado martes fue el primer día que los de PP sintieron miedo de la calle. Esa es la única razón por la que votaron que sí y es una tremenda buena noticia para nuestra pseudodemocracia y el proceso de regeneración democrática que se va a imponer en los próximos años.

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