La aceptación y defensa de la represión policial en Cataluña


No son aislados los episodios, sobre todo en Barcelona, en el que las unidades antidisturbios de los Mossos d’Esquadra se exceden brutalmente contra manifestantes pacíficos o periodistas. Abundan las falsas denuncias a detenidos acusándolos de atentado contra la autoridad y resistencia. Denuncias que podrían convertirse en penas de prisión si no fuera porque los jueces ya saben que la palabra de los Mossos en estrategias represivas para debilitar movimientos sociales es poco de fiar. Esta represión física y psicológica provoca temor y problemas a muchas personas inocentes y a sus familias, especialmente a aquellos que de la noche a la mañana se ven involucrados en procesos penales esperpénticos.
Este año se ha vivido uno de los episodios represivos más graves de la historia moderna de la ciudad con la supuesta limpieza de plaza Cataluña del 27 de mayo. Bajo las órdenes del consejero de Interior de la Generalitat de Catalunya, Felip Puig, decenas de Mossos d’Esquadra hirieron cerca de un centenar de personas que oponían resistencia pacífica a la acción policial. Con golpes de porra directos a la cabeza, los riñones o la espalda, patadas por detrás o, incluso, pisando la cabeza de alguno de los detenidos, las escenas de pánico se repitieron durante todo esa mañana. Ninguno de los agentes iba identificado (según el señor Puig, sí que van identificados, lo que pasa que el número lo llevan debajo del chaleco -gracias por tomarnos por imbéciles-) y eso impidió que los agredidos pudieran denunciar a su agresor. Después del caos y terror de aquella jornada, ningún responsable policial fue cesado ni investigado y el consejero no valoró en ningún momento su dimisión.
A pesar de las críticas interesadas de algunos partidos a esa acción -los miembros del tripartito de golpe se olvidaron de las brutales jornadas de represión en que ellos habían sido los responsables, como el 18 de marzo de 2009-, la realidad es que a la hora de la verdad ninguna de las fuerzas que actualmente tienen representación en el Parlamento de Cataluña hablan de “represión policial” en sus programas electorales, lo que a la práctica se traduce en la aceptación y defensa de represión policial en Cataluña. Con la premisa de que vivimos en un país democrático y con el control-subvención de los grandes medios de comunicación, el poder político consigue año tras año maquillar esta realidad, haciéndola invisible a los ojos de la mayoría.
La represión policial se convierte, pues, en uno de los motivos por los que los votantes no deberían apoyar las actuales fuerzas políticas que nos representan. Un país democrático no acepta escenas de terror como las que hemos presenciado en nuestras calles sin que haya una respuesta contundente contra sus responsables. Lo que aquí a muchos les puede parecer justificable, cuando lo ven en otros países europeos se les pone la piel de gallina. “Pensaba que en España había una democracia como la nuestra”, a menudo reflexionan ciudadanos de otros países europeos cuando revisan grabaciones como la que inicia este artículo.

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